Todo en rosa

Era un día cualquiera en una apartada región de Alaska. Después de desayunar Sam salió de su cabaña dispuesto a poner unas cuantas trampas. Se subió a su moto de nieve y se alejó por el bosque.

Hacía tiempo que vivía allí con la única compañía de su propia sombra. Las cosas no le iban mal del todo, pero era un estilo de vida que podía llegar a aburrir bastante. Aunque pensar en los peligros le hacía olvidar todo eso.

Momentos más tarde (cuando Sam ya estaba lejos de su morada) una extraña nave de pequeño tamaño aterrizó al lado de la cabaña. Una estrecha portezuela se abrió en la superficie del ingenio volador y un humanoide de piel verde apareció en escena. Portaba una bolsa con un corazón dibujado. Miró en derredor y se acercó a la casa. Abrió la puerta y se coló dentro.

Al cabo de un rato salió con la misma bolsa de color rosa con la que había entrado. Antes de irse se entretuvo colocando algo en la puerta.

Luego corrió hacia la nave y desapareció de allí.

Unas horas después Sam regresó a su cabaña. Había puesto unas cuantas trampas por ahí con la intención de que dieran resultado. Antes de dejar su moto de nieve algo llamó poderosamente su atención: había un corazón de color rosa dibujado en su puerta.

Casi con la boca abierta se acercó mientras se hacía preguntas.

El corazón estaba dibujado en un papel que alguien había pegado con cinta adhesiva de color rosa. Estaba pintado con rotulador fosforescente del mismo color y en su interior (con letras azules) se podía leer: PAZ ROSA.

¿Quién podía haber dejado eso allí? Se encontraba en un lugar muy apartado y no solía haber nadie por allí. Aquello era realmente insólito.

Entonces empezó a preguntarse algo que a veces le rondaba por la cabeza: ¿habría alguna forma de mantener una dieta vegetariana en aquellos contornos?

Con cierto gesto de extrañeza dio una vuelta alrededor de la casa. Luego abrió la puerta con cuidado y entró. En el interior todo estaba un tanto trastocado. Su sorpresa fue en aumento cuando descubrió un osito de peluche de color rosa encima de su cama. Sobre la alfombra había unas babuchas del mismo color.

Sam no salía de su asombro. Encima de la mesa pudo ver una caja de cereales también de color rosa en la que había dibujado un simpático conejito que parecía saludar. Sobre una silla había una toalla de ese mismo color rosa que tenía un sonriente ratón bordado. Incluso descubrió una reluciente taza también rosa con un corazón dibujado.

¿Qué significaba todo aquello?

Hasta la fecha sólo había recibido visitas de osos que no eran de color rosa. No sabía de dónde venían esas cosas, pero le habían dado una buena idea: volvería a la civilización y pondría una tienda en la que vendería sólo artículos de color rosa. Un negocio así podía ser un gran éxito y mucho mejor que poner trampas por ahí.

Entonces pensó un nombre: Todo en rosa. Quedaría bien en un rótulo de neón.

Aquella noche durmió junto al osito de peluche soñando con su nueva vida.