Una partida nocturna

La noche era algo cálida pues era verano. Las estrellas brillaban en el inescrutable cielo nocturno como era habitual por aquel lugar.

Un coche patrulla permanecía estacionado delante de un hostal de carretera. En su interior dos policías iban dando tragos a sendas latas de trola-bola. Todo estaba bastante tranquilo por allí.

Entonces se empezó a oír un ligero zumbido. Los agentes se percataron de que se acercaban unas luces por la vía. Poco después pasó ante ellos una especie de platillo volante que se movía a escasa distancia del suelo. No era demasiado grande (no cubría todo el ancho de la vía).

El extraño vehículo siguió adelante por la carretera a una velocidad moderada. Los dos policías se quedaron perplejos: nunca habían visto nada parecido.

Tras dudar unos instantes decidieron seguir al objeto volante no identificado. Fueron detrás del platillo durante unos kilómetros hasta que este tomó un desvío que llevaba a lo que parecía ser una granja abandonada.

Aquel misterioso artefacto volador redujo la velocidad y giró por detrás de uno de los destartalados edificios de madera donde al fin se detuvo. El coche patrulla paró a unos metros de allí. Los agentes bajaron del vehículo y se dirigieron hacia la parte trasera del inmueble. En ese punto encontraron el platillo estacionado y con las luces de posición encendidas. Los dos policías escrutaron con una linterna la pequeña nave desde fuera. Dieron varias vueltas alrededor del objeto no identificado.

Entonces hallaron unas huellas en tierra que llevaban a una puerta trasera del granero. Los agentes se acercaron hasta allí despacio. Uno de ellos abrió con cuidado la puerta y accedieron al interior. Dentro descubrieron un grupo de cuatro humanoides que estaban jugando a una especie de billar americano bajo una luz tenue. Todos ellos tenían un aspecto extraño: piel grisácea y ojos aceitunados.

Los policías desenfundaron sus pistolas y apuntaron a los alienígenas. Luego empezaron a hacer preguntas que sólo recibieron respuestas ininteligibles.

La situación era un tanto tensa. En ese momento una puerta lateral se abrió de golpe y aparecieron allí unos cerdos que brillaban con una tonalidad verde fosforescente. Los animales embistieron a los agentes que cayeron al suelo donde quedaron un poco contusionados.

Los hombrecillos aprovecharon la confusión para salir fuera y escapar en el platillo volante.

Cuando los dos policías se recuperaron sacudieron sus uniformes y salieron. Entonces comprobaron que los extraterrestres habían huido. Los cerdos también habían hecho lo propio y se habían alejado brillando en la oscuridad.

Los agentes volvieron a entrar en el granero y se colaron con cierta inquietud por donde habían irrumpido los cerdos. Allí dentro encontraron otro humanoide de piel gris que al verlos escapó por una ventana lateral. Una vez que estuvo fuera corrió hacia el coche patrulla: abrió la portezuela, se subió, lo puso en marcha y salió a escape hacia la carretera.

Los policías tuvieron que pasar el resto de la noche en el granero.

Mañana sería otro día.