OBRA DE BRUJERÍA
Una ligera brisa mecía las hojas de los árboles mientras un jinete avanzaba lentamente por el frondoso bosque. En su cara se esbozó un gesto de extrañeza cuando divisó algo a una cierta distancia. Descabalgó y se acercó con cautela guiando su caballo.
Cuando llegó al claro donde se encontraba aquello amarró despacio las riendas a unas ramas y se quedó observando durante unos instantes lo que parecía ser un misterioso carro que sólo podía ser obra de brujería.
Hubiera sido más prudente alejarse de aquel lugar, pero el caballero de melena recortada decidió tratar de averiguar más cosas sobre aquello. Aplacando su temor se aproximó y comenzó a rodear el arcano aparato. Enseguida descubrió una abertura: al pie de esta yacía un hombrecillo de piel gris.
El caballero se detuvo sorprendido: por más que pensaba no lograba reconocer a la criatura ¿podría ser un duende caído en desgracia?
Tras dudar un poco se acuclilló junto al pequeño hombre que no se movía. Sus ropas eran oscuras, pero tenían un ligero brillo: podían ser propias de un rey.
Entonces el hombrecillo musitó algo con una voz casi chirriante y distorsionada.
Un tanto desconcertado el caballero pensó que tal vez aquel desventurado estaba sediento. Se alzó y fue a buscar su cantimplora.
La tarde estaba cayendo y no faltaba mucho para que empezase a oscurecer.
Cuando el jinete llegó a donde estaba su caballo sintió una especie de zumbido y luego percibió una potente luz que venía de arriba. El caballero se volvió enseguida y alzó la vista protegiendo su cara con una mano. La luz se fue atenuando y el hombre de la melena recortada pudo distinguir lo que parecía ser un extraño carro de gran tamaño. Con un ligero gesto de prevención el caballero desenvainó su espada y se quedó a la expectativa.
De pronto un intenso haz de luz emergió del misterioso aparato y cubrió el cuerpo del hombrecillo que yacía en tierra a unos pocos metros. La criatura se elevó por el interior del haz luminoso y pareció despedirse moviendo ligeramente una de sus manitas. Después fue absorbida por el arcano carro volador.
Luego el embrujado aparato emitió una luz tan fuerte que hizo que el caballero soltase la espada y cayese al suelo donde quedó conmocionado.
Cuando se recuperó del todo estaba amaneciendo. Miró hacia el claro donde ahora no había más que un pergamino. El hombre de la melena se levantó y lo recogió: tras desenrollarlo pudo ver que tenía dibujada una cara sonriente realizada con trazos muy simples.
¿Qué podía significar todo aquello?
